Buenas, yo busco una muerte tranquila, rápida sin violencia, sin ruido y sin dolor.
Tengo 49 años y mis problemas son los siguientes:
a) Fui violado a los siete años y de esto no me olvido nunca mas y se que es el origen de todo lo malo que soy y que tengo.
b) Nací con hipospadia (micropene) y de chico tuve en el pene tres operaciones.
c) A los 18 años se me declaró diabetes tipo I, insulino dependiente
d) Mi carácter por todo esto es una bosta.
e) Cada vez tengo menos amigos.
f) Mi falmilia me desprecia, salvo mi hijo mas chico.
g) El mal trato que sufro a diario por mi mujer, y la entiendo, es insoportable.
h) Desde los 38 años que soy impotente, pero ahora no me hace efecto ni el viagra
i) Hace 6 meses tuve un infarto agudo y despues de un nuevo disgusto abandoné el tratamiento y hoy fumo dos atados de cigarrillos diarios.
Conclusión: no quiero joder a nadie mas, soy cobarde para matarme, pero algo como lo que pedí al principio quiero conseguir y no me jodan con Dios porque no creo.
Por lo que cuentas, solo puedo imaginar lo díficil que ha sido tu andar; resaltas episodios duros de vivir, y sólo tú conoces ese sufrimiento. También leo que tienes hijos, o al menos te refieres a uno de ellos. Compartes que no quieres saber nada de Dios, y bueno, es comprensible que alguien deba de pagar la factura que te embargado ya a ti.
Comprendo el resentimiento que te sobreviene, pero también debo decirte algo. Las circunstancias del pasado, los hechos dolorosos determinan en gran parte lo que ahora somos a bien, o a mal; también es un hecho que todos en la vida, experimentamos situaciones de dolor; hay quienes podrían comparar sus penas a las de otros, y decir: "a él no le fue tan mal como a mí".
La verdad es que el dolor embarga de la misma manera para quien aparentemente lo tiene todo y para quien no lo tiene, nadie tiene una mediada justa para saber cuánto dolor se necesita para saber qué tan profundo es.
Y si bien el pasado nos determina en gran parte como los datos en una estadística hacen, es cierto también que tenemos la posibilidad de elegir un camino diferente, tan diferente cómo tanto deseemos que se parezca a lo que anhelamos. Ese es el mérito de la vida en sí.
Conocemos tantas historias de personajes que han brillado en nuestra humanidad, donde sus vidas has sido arrasadas por la injusticia y el odio y hasta despojadas de la libertad, pero también conocemos, la fortaleza de espíritu que les dío valor para vencer al miedo, que les dío fuerza para vencer a la flaqueza, que les dío camino para vencer a la cerrazón.
Estoy hablándote de personas que al borde de su fragilidad humana encotraron la supremacía de su ser, y que a pesar de la injusticia y la amenza, eligieron vivir con pasión, con entrega, con verdadera determinación para no sucumbir a la muerte, y si bien ésta vendrá por cada uno de nosotros sin excepción, lo que encontrará para llevarse no será siempre igual.
Tenemos la posibilidad de que nuestro espíritu no perezca también, y hablo de esa fuerza interior que hace que nuestras heridas sean verdaderamente motivo de honor.Esa fuerza proviene de la voluntad de cada uno de nosotros, y nos da alivio, nos hace seguir adelante cuanto más díficil parezca el andar.
La reconciliación consigo mismo es la llave que nos da acceso a esa fuerza interior, pero es necesario perdonar, puesto que al no hacerlo seguimos ahora nosotros autoflajelándonos y nada cambiará, nuestro niño interior seguirá siendo presa de la misma maldad una y otra vez, así que de verdad trabaja el perdón, que tienes mucho que dar a los demás, a los tuyos, a tu familia, a tus hijos, a tu alrededor.
Eres un guerrero, decídete a levantarte de una buena vez y ponerle fin a ese episodio de tu vida que tanto te ha robado ya, con verdadero amor para los que tanto lo necesitan de ti. En el camino todo cambiará a bien, y créeme que sucederá si dejas abierta la puerta que nadie puede cerrar.